Sergio Hernandez, el básquet hecho persona

Foto: Prensa Club Anzorena

Foto: Prensa Club Anzorena

Su comienzo como entrenador, su familia, el futuro en Uniceb, todo esto, en la extensa nota compartida por el departamento de prensa del Club Anzorena de Mendoza realizada durante el exitoso campus llevado a cabo en esa ciudad…

Diecinueve y treinta la hora que marca el reloj. Llegó el momento y el día de la cita. Recorrí esas tres últimas cuadras hacia donde se encontraba instalado con palpitaciones, porque del otro lado, iba a estar uno de los hombres más exitosos de las últimas décadas: Sergio Santos Hernandez.
Tras tres jornadas, donde se brindó a cuerpo entero al campus de perfeccionamiento que organizó la Asociación Deportiva Anzorena, baja al hall del hotel, el hombre que hizo historia en su paso por el club “Milrayiyas”. Luego de su salida del ascensor, se encuentra con Alejo Sánchez, el hijo del “Huevo”. Tras el saludo entre ambos, pasamos a la mesa.
Nacido en Bahía Blanca, está por cumplir 50 años en los próximos meses. Entre sus hombros, está entre otros grandes logros, el haber dirigido la Generación Dorada, obteniendo la medalla de bronce en los juegos olímpicos. Fue premiado como entrenador del año en la LNB, en 3 temporadas. Cuenta con el record de partidos disputados en nuestra liga local.
Realizar una entrevista con él, es pura facilidad. Él la lleva, él la hace sencilla. Así como mostró en estos días en Mendoza, donde atendió el llamado de todos, y habló con los chicos, uno por uno. Esa sencillez que tienen los grandes, se dice. Una hora duró la charla, pero aunque hubiéramos hablado días y días, todavía me quedarían cosas por preguntarle, porque él te abre nuevos caminos en cada una de las preguntas. Cada frase suya es posible título para la nota.
Su vida no solo se centra en el básquet, aunque reconoce que pasa varias horas con la “naranja”. Lee mucho, mira muchas series, y ama en sus momentos libres, pescar.
Cada cuestión nueva que emprende, lo toma como un nuevo desafío.
“No tengo ya casi memoria de la época en que yo viví, sin levantarme en la mañana pensando que debía ganar”, son las primeras palabras de “Oveja” Hernandez. De un Sergio Hernandez, que se encuentra en la plenitud de su carrera. Referente en el ambiente para los entrenadores actuales y todos aquellos que sueñan con dirigir. Y que hoy día lo tiene buscando nuevos horizontes: dirigir en Brasil.
-Comenzaste muy temprano tu carrera, a los 15 años.
“Sí, a los 15 era más que nada un juego. Luego ya empecé dirigir a la selecciones de Bahía Blanca: Pre Infantiles, Cadetes. En Bahiense del Norte había ya otra presión también para ganar. Mi club era Villa Mitre. A partir de ahí no paras más”.
-¿Notaste en este último tiempo que esa presión para ganar, te estaba perjudicando en el día a día?
“Ganar es una palabra muy especial. Cuando uno habla de ganar….habla de realizarse, de intentar obtener un resultado, de sobresalir sobre el rival, que muchas veces no significa llevarse los 2 puntos. Ganar es que tu equipo juegue mejor que la última vez. Cuando ya te metes en el “mundillo” de los equipos que pretenden ganar sí o sí, de los que quieren salir campeón, ahí cambia todo. Todo depende de los resultados….Se perder, se que pese a la mayor presión externa que me quieran colocar, nunca va a ser más grande que la que yo me pongo para intentar hacer bien las cosas”.
-Este control que se te observa respecto a lo que te rodea. ¿Lo fuiste obteniendo con los años, o consideras que es algo innato tuyo?
“Lo maneje muy bien desde entrada. Creo que esto tiene que ver con la cuestión que me preguntabas esta mañana, con respecto a si sueño con dirigir en la NBA. Y que te exprese que yo no sueño. No tengo una desesperación de llegar a un lugar…Nunca soñé con ganar la Liga, nunca soñé con dirigir la Selección. Simplemente se fueron dando”.
-Un poco así lo expresaba el gran León Najnundel y que sintetiza un poco eso que decis: “el torneo más importante es que el estamos jugando y el rival más duro es el que viene”.
“Tal cual. Es así. A mí me pasa esto. Tiene que ver con algo que te pasa, y no algo de lo que te programas ya”.
-Es que muchas veces ese soñar…
-(interrumpe) “La vida es un manejo de las expectativas. Yo te coloco este ejemplo. Vos este fin de semana salís, te vas con la mejor “pilcha”, plata en la billetera y decís “hoy voy a conocer a la chica de mi vida”, tenes muchas probabilidades de irte frustrado a tu casa. En cambio si salís a pasar un rato, a divertirte estando relajado, es muy probable que conozcas a la mina de tu vida. No tiene que ver con ser optimista o pesimista. Hay que estar preparado, tener buena actitud, pero también hay que dejarse llevarse”.
(Se toma unos segundos) “Vos estas acá, y queres estar allá. Lo que hace que vos quieras estar acá, es que vos descuides eso. Y menos te va a salir bien, y más complicado te va a hacer llegar ahí. Vos tenes que darle injerencia a lo que haces y punto. ¿Qué es un campus?: esto. Bien, voy con la idea de un campus para chicos. Porque sino yo vendría acá y me parecería poco. Estaría un rato en el club y me vendría a acostar a la habitación del hotel y listo. No importa que yo haya sido el entrenador de la selección Argentina…Para mí la vida es así, darle al momento que vivo, la mayor calidad posible, pero no para que eso me lleve a otro lado”.
-¿Tu familia siempre te acompaño en esto o hubieron momentos en que te pidieras que te bajaras?
“Es muy incomodo ser nómade. A mí no me queda otra. Para los entrenadores deportivos, la comodidad es mala consejera. Entonces generalmente el crecimiento, está en el movimiento, en la búsqueda de nuevos desafíos, de nuevos horizontes. Ahí está donde vos creces. Mi familia se movió conmigo. Yo me case en el 90 y hasta el 94 no tuvimos hijos. Y luego de 1994 a 2005 se movió mi señora junto a mis hijos para todos lados. En el 2005 sale la selección argentina, que es cuando retomamos a Olavarría, que era como nuestro punto de base, ya que mis hijos llegaron ahí, con 4 años de edad. Yo estaba en Boca. A mi señora no le gustaba mucho vivir en Buenos Aires y a mí tampoco, mis hijos eran chiquitos. Entonces regresamos a Olavarría. Yo termine mis dos años como full time con la selección y cuando termino, mis hijos ya estaban en Mar del Plata. Ahí fue que me dijeron, anda vos a Mar del Plata y nosotros nos quedamos acá: vamos yendo y viniendo. Así fue que hice esos años, yéndolos a visitar, hasta que en marzo de 2012 mis hijos comenzaron la facultad y se vinieron a vivir conmigo. Mi señora trabaja en Olavarría, y sabía que me quedaba poco en Peñarol, porque ya se los había comentad. Era una cuestión ya planificada. Entonces ella se quedo allá. Ahora somos una familia acostumbrada a esto. Mi señora en Olavarría, mis hijos en Mar del Plata y yo próximamente en Brasil”.
-¿Te simplificaron tu vida la llegada de tus hijos a Mar del Plata para vivir con vos este último tiempo? ¿Te cambió el día a día?
“Mucho, realmente mucho. Vivir solo te genera malos hábitos. Te cambia todo. Yo viví con mis padres en Bahía Blanca hasta los 26 años. Era lo más común en esa época. No te ibas a estudiar afuera, vivías en tu casa con ellos. Ahora los chicos más jóvenes, aunque vivan en la misma ciudad, se mudan solos. Te lo recomiendo. Mantenes una buena relación con tu familia, comes con ellos los domingos.”.
Luego viví solo 8 meses más en Cañada de Gómez, que fue cuando estaba de asistente técnico de Lamas. Pero después no he vivido más solo, así que no sabía bien que era vivir solo. Esos años de vivir solo, me desorientaron un poco. Porque si tenes ganas de comer, comes, y sino no. También te sucede que te sentas a comer a la 12 de la noche a veces. Estuve casi 4 años y pico solo. Entonces cuando volvieron ellos, era toda una nueva ilusión. Esperarlos para comer, levantarlos. Mis hijos son muy independientes pero yo soy un poco metido. Llevarlos a algún lado. Tengo una muy buena relación con mis hijos, soy muy compinche de ellos”.
-Cuando ellos deciden comenzar a dirigir. ¿Hubo alguna charla previa entre ustedes? ¿Siguieron tus consejos?
“Fue todo muy individual, muy personal de ellos, se dio muy natural. Ellos llegaron y directamente se fueron a jugar a Kimberley, porque no querían jugar para ser los “hijos de”. No me gusta los casos que son odontólogos, porque el abuelo ya lo era, entonces por tradición familiar ellos también deben serlo. Ellos la llevan bien esa, ya que no se sienten los “hijos de “. Al contrario, la aprovechan, la disfrutan, porque conocen jugadores, ven los entrenamientos pero nada más. Hoy si actualmente vos le consultas: ¿Sos el hijo de Sergio Hernandez?, te dirán: No, yo soy Lautaro Hernandez. Mi papá si es Sergio Hernandez, yo soy Lautaro.
-¿Las sobremesas son de mucho básquet?
“Si, ahora sí. Porque ellos están muy informados con esto. Imanol es asistente de la primera local del club Kimberley y Lautaro trabaja con las formativas de Peñarol. Un chico de 17 años por ahí no te consulta mucho sobre su vida propia. Ellos me entienden que hay momentos en que no quiero saber nada de básquet, aunque esté jugando la final Miami-San Antonio, no la voy a ver. Porque sería como llevarme trabajo a mi casa. Y en esos momentos quiero ver una película, una serie”.
-¿Seguiste las instancias finales de la LNB?
“Vi el cuarto partido en Lanús únicamente. Los otros los seguí un poco, pero no estaba las dos horas mirando el partido, o pendiente de cómo iba todo. Estaba muy cansado. Esto no me pasa a mí solamente, sino que a todo el mundo. Este es un trabajo que se mezcla con pasión. No es un trabajo frío. Por ejemplo no sos dueño de un hotel, en la cual está bien, te gusta la hotelería pero no tenes mucha competencia. Roza el ser entrenador, el orgullo de uno. Por eso yo siempre digo la frase que cuando se habla del beneficio que tiene trabajar de lo que te gusta, es “media verdad”, porque hay otra parte mala, ya que cuando tenes un traspié, es el doble de duro. Porque no es que te salió mal solo un trabajo, te salió mal tu vida, tu pasión. Te toca el orgullo, tu pasión. A mí me encantaría poder trabajar de otra cosa, y que ser entrenador fuera mi hobby”.
“Uno debe aprender a dosificar. A hacer otras cosas, a leer de diferentes temas. No puede que nuestra vida, solo sea una pelota de básquet.
¿Has pensado en seguir alguna carrera el día de mañana?
“Sí, lo he pensado y me encantaría. Tengo toda la voluntad, pero me está faltando la fuerza de voluntad. Y perder el miedo, a 8 horas por día, a clases, exámenes. Tene en cuenta que tengo 50 años. De todas formas hoy hay carreras que te permiten hacerla a distancia, o cursos que se pueden realizar durante el receso. Es una excusa el no tener tiempo. Si vos queres hay tiempo. El ser entrenador deportivo, creo que requiere una formación académica cada vez mayor. No puede dirigir una persona que no tiene herramientas, más que la del básquet. No podes no tener conocimientos de didáctica, de pedagogía, de psicología, de metodología.
-Qué gran idea que estás largando. Una carrera para entrenador, además de los cursos que ya se les obliga.
“Estaría muy bueno. Estaría linda una carrera de entrenador deportivo y después vos te orientas para el deporte que quieras. Proponelo en alguna universidad, trabájalo.
-¿La harán los entrenadores?
“Nosotros los entrenadores ya viejos no creo. Pero mis hijos, que son jóvenes, seguro lo harían. Después nada te exige el éxito. No significa que por tener el titulo, vayas a dirigir en Peñarol. Porque la vida es así. Pero tampoco si vos te recibís de contador, significa que vayas a ser un contador exitoso, quizás después ya recibido terminas manejando un taxi”.
-Cuando entraste a Peñarol, expresaste que veías a ese equipo justo para el despegue, y que ibas a ver varios títulos. Vaya si tenías razón. 6 años, 10 títulos. ¿Qué olfateabas de ese equipo?
“Yo ya venía viendo a Peñarol. Cuando yo lo agarro, habían jugado la final el año anterior. Yo veía que tenían lo más valioso, que puede tener un equipo, que es su gente. El mayor capital que tiene un equipo, es su gente. La identidad que tiene la gente, es como un equipo de fútbol. Es uno de los pocos casos que he visto. He ido a otros países, y en los clubes en los cuales he estado, he visto camisetas de Peñarol. Hoy vino un chiquito al campus a que le firme la camiseta de Peñarol. No vi a otro, que viniera con camiseta de un club diferente de la Liga. Y no es porque estábamos por nosotros. Tiene hinchas por todos lados. Hay peñas en San Juan, en todo el país. Es un club muy especial. Yo veía eso. Yo estaba en Buenos Aires, me habían hablado ya la gente de Santiago del Estero, de Comodoro. Había tenido solo una reunión con ellos, los había escuchado. El mismo día me llama Peñarol y Boca por primera vez en el hotel. Hablo con los dos por teléfono. Yo estando en Buenos Aires reitero. Ambos me dijeron: ¿Te interesa? ¿Te gustaría escuchar nuestra propuesta? El de Boca me dijo nos reunimos mañana. Los de Peñarol cuando me llaman, me consultan por donde estaba. En Buenos Aires le respondí yo. Ah ok, escuche del otro lado ¿Vos cómo estas esta noche para cenar? Yo bien les digo, los que están mal son ustedes ya que son la 5 de la tarde y están en Mar del Plata. No te hagas problema me contestan, nosotros a la 9 de la noche estamos ahí cenando. Esos son los tipos que están en los momentos justos. Vino el presidente en persona, que tiene una energía muy especial y con las mismas ganas que yo y a la 9 de la noche estábamos cenando. Ni lo dude, ahí mismo les respondí. Y eso que la ventaja la tenía Boca porque yo ya había laburado dos años ahí. Boca me ofrecía volver al departamento en que yo había vivido. Era como volver a mi casa. Pero Peñarol mostró otra ilusión. Y creo que no me equivoque ¿no?
-El tiempo te terminó dando la razón. Y acertaste con los jugadores 100%. Mata, Campazzo, alguno de los jugadores que vos les fuiste dando protagonismo.
“Mata y Facundo ya se encontraban reclutados por Peñarol. Lo único que hice yo, fue darles la confianza y hacerlos subir a la Liga. Los jugadores por ahí dicen, “Hernandez pone a los pibes”. No les digo yo. Los pibes se ponen solos. Vos lo pones un ratito, y juega bien. Entrena bien, luego lo pones en un partido que está caliente y juegan bien, ya está. Se ganaron su lugar”.
-La llegada de Nocioni. Súper 8. ¿Qué recordas de toda aquella hazaña?
“Eso fue una cuestión del presidente. Es producto de la ilusión que tiene ese tipo. Fue cuando estaba el lockout en la NBA. Peñarol si tuviera que tener un ídolo de la generación dorada, que de hecho lo tiene es Nocioni. Tiene mucho que ver con lo que es Peñarol, sanguíneo, pasional. El presidente empezó a soñar con eso, y Nocioni es el mejor amigo de Leo Gutiérrez, y eso terminó de cerrar todo. Fue una ayuda increíble. Fue un placer enorme. En ese momento no n os dimos mucha cuenta de lo que significaba contar con él, pero de a poco fuimos cayendo. Ver a Nocini, festejando un titulo de un Súper 8, en Mar del Plata y con la camiseta de Peñarol, es y fue impagable. Todo fue de película”.
-Todo titulo tiene su importancia. Pero, ¿consideras que ese fue uno de los que más disfrutaste?
“Yo creo que todos como decis vos, pero casualmente los dos que yo recuerdo, que no significa que una liga me importa más que otra, son las dos Liga de las Américas. La primera porque fue de visitante, y yo llevaba 6 meses en el club, y por eso la disfrute mucho. Y después la ganada en casa, con 7 mil personas en el estadio, suplementario. Kyle Lamonte hizo 40 puntos. Fue tremendo. Creo que fue mi primera conquista en casa. Pero todos son muy lindos. De todas formas la gente quiere la Liga Argentina, es su tesoro más preciado. Muy lindo la liga de las Américas, la Sudamericana”.
-¿Te veías no llegando a la final este año?
“El barco lo comenzamos a acomodar, pero no estábamos bien. Tuvimos muchos problemas. Había jugadores muy cansados por tantos años de trajín entre selección y club. Y no tuvieron la ayuda de una rotación más larga. En el caso de haber tenido una rotación más larga, hubiéramos podido lograr que Campazzo, Mata, Gutiérrez, descansaran un poco más. Tuvimos muchas lesiones, no acertamos con los extranjeros. No fueron una buena elección. Por lo tanto se achico mucho el equipo. Por eso Mata, debía jugar 40 minutos, Leo Gutiérrez 40 minutos, Campazzo 35 minutos, Leiva 35 también. Todo nos costaba mucho. Hicimos tanto esfuerzo que llegamos a la instancia final desgastados. Quimsa nos costó muchísimo, de hecho nos había ganado todos los partidos que habíamos jugado hasta ese momento. Nos costó mucho, y llegamos muy desgatados a Lanús, y Lanús supo aprovechar eso. Porque no todos los equipo lo saben aprovechar. Jugó mucho al físico, a la presión en toda la cancha, nos fue desgatando de a poco. Así y todo perdemos 2 de los 3 que caímos por errores propios. Uno de ellos íbamos ganando por 8 puntos y quedaba 1:30, en cancha de Lanús. Y después el otro partido en casa, donde nos equivocamos en una regla defensiva que nosotros nunca nos equivocamos. Y que además estaban ubicados Marcos Mata y Martín Leiva, dos de nuestros mejores jugadores en defensa. Hicimos todo bien, pero justo Marcos subestima una situación, o la ansiedad lo hace hacer algo que no debía ser. No importa qué. Y comete un error. Mínimo, pero decisivo. Le dan la pelota a Battle, gol y a suplementario. En suplementario lo perdimos. Nosotros podríamos haber sido campeón tranquilamente este año también, pero no lo fuimos. Nos ganaron bien y punto. Nada que quejarse.
-A la hora de plantear los partidos. ¿Comenzas enfocándote en el rival y desde ahí trabajas el partido? ¿O potencias lo tuyo y luego esperas al rival?
“En el 75-80 % de la competencia pienso más en mi equipo, en un 80 y en el rival en un 20, o menos en los rivales. En los play off 50 y 50, porque mi equipo ya tiene la identidad, no hay mucho más que pensar, ya sos lo que sos. Pero nunca hay un 70 para el rival y un 30 para mí”.
-¿Cómo era ese grupo de Peñarol en el día a día?
“Es un grupo poderoso, porque tiene dos cabezas, dos líderes como Leo Gutiérrez y Martín Leiva, que no les gusta perder ni en una competencia de tiros libres en un entrenamiento en la mañana. Muy ganadores son. Además son buenos líderes, ayudan a los jóvenes. Los llevan para adelante todo el tiempo. Educaron a Campazzo, a Mata, a Safar, a Pablo Barrios, a todos los que estuvieron, con que había que intentar ser mejor cada día, cada minuto. En ningún momento este equipo se relajo. Jamás. En el último partido, faltaba un segundo en el reloj y pensábamos que íbamos a ganar. Es un equipo impresionante. Muy combativo, muy autoexigente. Equipazo”.
-En su momento, en esa entrevista de Básquet Plus que venimos hablando (marzo 2013), comparabas lo de Popovich con lo realizado por Guardiola en el Barcelona. Acá un poco en el ambiente local, se ven muchas similitudes con lo realizado por Peñarol. Muchos hombres se fueron repitiendo con los años, y sobre todo había una idea clara del equipo., que nunca la dejaron de lado.
“Yo a creo que, a ver…A veces hago una broma con esto. No vas a comparar. Pero si, ¿por qué no? Si Guardiola o Popovich supieran de la existencia de Peñarol… que no lo saben y vos le consultaras también admirarían el trabajo nuestro como nosotros hacemos con el de ellos. Porque ellos saben la exigencia que requiere esto, lo difícil que es esto, no importa el nivel. Viste que vos a veces ves más de lo demás, que de lo que uno está haciendo. Vos lo tuyo no te lo valoras. Si creo que el proceso de Peñarol se puede analizar como exitoso desde cualquier parte del mundo y para cualquier orbita. Fue el mejor equipo de América en 4 años”.
-Con el correr de los años, más importancia se le dará a este Peñarol todavía.
“Si, no tengas dudas. Porque primero comenzaras a tomar conciencia de lo que lograste, y segundo porque con el paso del tiempo todo el mundo le va a agregando algo. Cuando dentro de 50 años, el nieto “de”, dirá cuando jugaron Peñarol y Atenas quedaron 50 mil personas afuera, cortaron Juan B. Justo, Gutiérrez tiraba los triples de 12 metros y no es así. Pero si que va a ser dimensionado de otra manera. La vorágine actual no te permite mirar para atrás”.
-Con tu despedida que te hicieron en Peñarol, seguramente ya comenzaste a caer de la importancia que has tenido para este club. Fue una ovación total el estadio “Domingo Robles”.
“Si, en ese momento caen las medias. Igual lo estoy procesando mucho mas ahora. Yo de todas formas no vivo mucho en el pasado, en las cosas que ya sucedieron, en la nostalgia. Peñarol va a estar siempre en mi corazón. Yo no miro fotos, no miro videos de los partidos en los cuales gane. Tampoco he vuelto a ver ninguna de las finales que hemos ganado. Si voy a un viaje, no soy de los que invitan a un matrimonio amigo y les muestra la filmación del viaje. No significa que esté bien o mal, porque sino todos dicen, si a este le fue bien así, hay que hacer eso. Y todos somos diferentes y nos da resultado diferentes cosas. Porque lo mismo sucede con los minutos en los partidos, donde yo me tomo unos 20 segundos sin hablar, para que lo jugadores charlen entre ellos, descansen y tomen agua, y luego yo ahí si empiezo a hablarles. Hay quienes te lo critican, pero no entiendo para que te lo critican sino te gusta, hacelo a tu manera. Yo estoy totalmente de acuerdo que no esté de acuerdo conmigo. Lo raro sería que todo el mundo esté de acuerdo conmigo, con Bielsa, con Cristina Kirchner o Guardiola. Cada uno tiene su manera, y esto es lo mismo…No tengo sueños, o mi vida por lo menos no depende de sueños. No miro para atrás. Muchas veces mis hijos, me dicen: “Mira papa, el video de 3 minuto, que es lo máximo que puedo mirar, de la final de Atenas-Estudiantes de Olavarría en el año 99-2000. Si lo miro un ratito y me emociona un poco. Muchos me preguntan, ¿tenes el quinto juego que ganaron entre Peñarol y Atenas? Si lo tendré seguramente, pero no lo veo. A lo mejor el día de mañana empiezo a abrir cajas, y digo mira tal camiseta, tal video. Creo que mis hijos son un poco así. Ellos tienen la camiseta de Kobe Bryant firmada por él, la camiseta de Tony Parker firmada por él, la de Scola, de Pablo Quinteros. Muchos regalos míos, algunos comparto con ellos. Pero los tenemos ahí guardados, en un lugar pero no es que tenemos un museo. Están orgullosos de tener eso, les gusta, es lindo. Pero yo a veces le tengo que decir a mi hijo, mostrale a tu amigo, porque para él si es importante, tener en la mano la camiseta que usó Kobe Bryant en los Juegos Olímpicos y firmada por él. Pero porque no todos son como nosotros. Cada uno vive como vive”.
-Me quedo con algo que vos dijiste. Quizás a un odontólogo no se lo critica tanto si extrae bien o mal una muela, cuando opera un médico está solo y sin la mirada de todos. En cambio ustedes los entrenadores están permanentemente analizado, por la gente, por el periodismo, por sus propios jugadores, por la comisión directiva.
“Si, sobre todo cuando estás en el máximo nivel. Dirigiendo a la selección Argentina, tenes 40 millones de entrenadores de básquet. Y tipos que nunca vieron básquet, te dicen: ¡qué mal que jugaron la última pelota! Para una persona que vos hayas errado mal el último tiro, es que la jugaste mal. Y a lo mejor la jugaste fantástica y solo no entró la pelota. Hay que entender cuando te dicen, “pero entonces si ustedes tienen presión, un doctor que tiene un corazón abierto, tiene mucha más presión.” Es verdad le digo. Pero son dos cosas diferentes. El médico esta en un quirófano solo, debe hacer algo que es técnico, no debe trabajar por intuición. Estas vos y ellos. A un actor cuando está en el teatro, no van y le cambian todo lo ensayado en ese momento”…
Toma los dos vasos que están en la mesa y pasa a explicarme lo siguiente: “Este vaso es un jugador de un equipo y este del otro. Si yo estoy con este jugador y quiero ir para allá, este otro acá que no quiere que pasemos. Tenemos una oposición directa todo el tiempo, y a veces tiene muchas mejores piezas. Si vos queres modificar algo, y tenes adelante a Kobe Bryant, a Paul Gasol, será muy difícil que puedas hacerlo…Si fuera todo de estrategia, yo tomo el Líbano y le gano a Estados Unidos. Pero no es así todo. Si se juntan Lebrón James, Kobe Bryant, por decirte algunos, unos 30 minutos antes del partido y a mí me das la selección de Uruguay, con 3 meses de entrenamiento, me ganan igual. El éxito no hay que medirlo solo por si le ganaste al otro o no. Sino por el proceso. Es malo perder igual.”.
-¿Por qué tenias en tu cabeza dejar la competencia por un año? Perdón, mejor dicho, no empezar dirigiendo desde el principio de una Liga.
“Por la competencia. Porque empezas a vivir muchas veces de las urgencias. Vos no te das cuenta pero empezas a vivir como vos decis que no se debe hacer. Yo digo que en la vida hay cosas importantes, cosas trascendentes y urgentes. Vos vas por lo trascendente. En plena competencia, tras uno y otro resultado, empezas a vivir por lo urgente. Y te parece que ganar o perder un partido, es el fin del mundo. Y lo trasladas a otras actividades, a tu salud, a tu familia. Y ahí es cuando decís: ¡para!
-Luego de aquel partido con Lanús, dijiste que no sabías que decirle a tu plantel. ¿Por qué?
“No hable con mi equipo realmente”.
-¿Has vuelto a hablar con ellos en este tiempo?
“Hable recién cuando me hicieron la despedida en Peñarol, que estaban todos los jugadores”.
-Campazzo me expresaba en una nota recién, que será muy difícil ver a este equipo sin vos. Algo que nos pasa a todos los que empezamos a amar el juego de este Peñarol.
“Pero se queda el tío, mi asistente”.
-Teniendo la relación que lograste con Domingo Robles. ¿Era el entrenador que vos hubieras recomendado ante un llamado de él?
“Sí. Merece una oportunidad. Lleva 8 años en el club, y conoce todo muy bien”.
-¿Se la hará complicada este paso, este después de” Sergio Hernandez? Porque después de tantos éxitos, todo lo que viene atrás cuesta el doble.
“Sí. Porque como te decía, la vida es un manejo de las expectativas y una lectura de situaciones permanentes. Si vos te preparas para estar después de Hernandez. Yo no puedo pretender igualar ahí nomas eso, porque sino mis expectativas serían muy altas. Y de esa forma tendría el 90% de chocar”.
“Cuando yo dirigí el quinto partido o tercero, no recuerdo, del 2007, la gente gritaba, “de la mano del Tucumano, todos la vuelta vamos a dar”. En referencia a Romano, y por haber perdido yo de local con Boca. Era una forma de protesta hacia mí. Está bien, es su manifestación. Le gustaba el “Negro”, y de hecho los había llevado a la final. Los entiendo, y mostraban así su desacuerdo de que Peñarol haya cambiado de entrenador. La única forma que yo tenía era demostrar con el tiempo. Yo estaba preparado, sabía que había mucha presión, que habían llegado a la final. Tenía una lectura de juego de la situación de las cosas. Yo siempre la hago. Se a donde voy a jugar, con que me voy a encontrar, que expectativas hay. Y todas esas cosas, me hacen dar una idea…”
-¿Qué lectura de juego hiciste con esta propuesta de Uniceb? Porque estaba la oferta de Atenas atrás que era fuerte.
“Si, pero yo no me veía dirigiendo acá, y menos a un equipo que no fuera Peñarol. Yo lo declare el primer día. Decido dejar Peñarol y anuncio que no dirigiría en la Liga Argentina. Aparece la oferta esta, de un país que está muy bien, de una liga que está creciendo mucho y un equipo que gano 3 de las ultimas 4 competencias de Brasil. Tienen una buena base, y muy linda infraestructura. No había mucho para pensar. Y que también quieren lo mismo que yo: seguir creciendo, quieren más todavía. Esperemos que podamos hacer algo juntos. Creo que sí”.

Fuente: Prensa Club Anzorena



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