San Isidro: Retroceder para tomar impulso

San Isidro de San Francisco apostó a un contrato de cuatro años del entrenador Julián Pagura para nutrir a su equipo de TNA de jugadores de la cantera. No cambia el objetivo, pero lo busca con paciencia y apuntalando la base

No es un club más San Isidro en el Torneo Nacional de Ascenso. Sólo mencionar su nombre genera recuerdos, anécdotas, algunas más lejanas en el tiempo y otras que están aún a la vuelta de la esquina. Nunca fue sencillo enfrentar a los Halcones, marca registrada de San Francisco, un equipo poseedor como pocos de identidad y apoyado masivamente por su gente.

Desde las épocas del viejo Manno y el Vedime, hasta el renacer con Pirincho Beltramo, San Isidro construyó una imagen fuerte en la segunda categoría de la Liga Nacional y se anotó como permanente animador de los certámenes. Eso sí, en los últimos meses la dirigencia dio un golpe de timón y calmó las ansias de ascenso inmediato a como dé lugar que venía carcomiendo a la institución en campañas pasadas. No se modifica el rumbo, pero sí las formas, algo así como no pisar el acelerador a fondo ni exigir el motor, sino llegar a su tiempo y con la máquina intacta.

“La idea siempre es tratar de crecer como institución, establecer las bases ya sea para el TNA o para la Liga si se logra dar el salto y se decide jugarlo. Estar preparados y que no sea una aventura. Si se da, bienvenido sea, pero bajamos un poco la expectativa que había”, explica Alejandro Aimaretti, cabeza de la institución y uno de los dirigentes que serán recordados por siempre por haber salvado a San Isidro de la quiebra allá por 2003, cuando el descenso y el caos institucional dejó maltrecho al club: “Había un pasivo enorme e instalaciones destruidas. Reconstruimos, edificamos, hasta que nos picó de nuevo el bichito del básquet y volvimos a competir, pero eso sí, los dirigentes del básquet pusimos el gancho para ser responsables de lo que se gastaba. No sabía nada de ser dirigente de básquet, pero de a poco cambiamos la forma en que era mirado el club y ganamos la confianza de todos. Ascendimos en el Provincial B, el A, y la Liga B con Pirincho Beltramo y ya van seis temporadas seguidas en el TNA. Si tengo que eligir un momento de todos estos años fue la construcción del estadio”.

Aimaretti fue jugador y ama el básquet, pero desde sus palabras queda en evidencia que todavía tiene un sentimiento más profundo por la institución, lo que le permite ver un panorama completo y lo realza en su tarea de ser directivo: “El club se fundó el 1° de marzo de 1920, en tres años festejaremos el centenario. Es un club con básquet y no de básquet. Hay 4 mil socios y muchas disciplinas, tanto en el predio del Severo Robledo (el estadio) como en el 9 de Septiembre, con voley, patín, karate, gimnasia fútbol, padle, squash, tenis y todos los deportes acuáticos. Es integral y social, si el día de mañana se decide no jugar TNA vamos a seguir teniendo vida social”.

Pero la pasión vuelve y el básquet es tema recurrente, con el proyecto de contratar al entrenador Julián Pagura por cuatro años, en una movida pocas veces vista en el país y la categoría. Pero claro, San Isidro no es un club más.

Aimaretti amplía el concepto acunado, charlado e implementado, ahora en sus primeros pasos: “Siempre la idea es lograr lo máximo, pero en esta etapa que estamos transitando con Julián estamos tratando de trabajar con chicos reclutados y del club para abastecer al equipo del TNA. De esa manera, si en alguna oportunidad se logra dar el salto, queremos que sea con bases sólidas”.

“También estamos abocados a bajar los costos de algunas puntos que se pueden atacar. Por ejemplo, en esta temporada el club compró el medio de transporte para el equipo y dentro del proyecto del centenario está planteado construir un edificio, con hotel deportivo, gimnasio y restorán. Abaratar canjes, tener una liga más económica”, analiza Aimaretti.

El cambio de paradigma merecía una elección meditada. Y un profesional probado en situaciones similares para minimizar el riesgo, si es que se puede hacer eso en un contexto tan volátil y cambiante como el deporte. Todo apuntó a Julián Pagura, un entrenador con pergaminos en el básquet profesional, pero también en formativas, donde no sólo importan los títulos sino también el proceso y sus resultados en la proyección de jugadores. “San Isidro es un histórico de la categoría. Me acuerdo que cuando estaba Antonio Manno uno miraba y veía desde lejos lo que hacía. Es muy gratificante la forma en que me fueron a buscar, su propuesta y por qué apuntaban a mí. Querían un cambio de filosofía y de mentalidad. Y la idea de convocarme tenía que ver con el trabajo que hice desde formativas a primera. Eso reconforta”, explica Pagura, quien resume con qué club se encontró y amplia los objetivos: “Es de primer nivel no sólo por estructura sino por la gente que la maneja, seria, con compromiso en el trabajo diario del club y sus disciplinas, que son muchas. Me puso feliz que me quieran por cuatro temporadas para desarrolla un proyecto de insertar jugadores jóvenes de la cantera al equipo, generar identificación y buscar coronarlo en el futuro. Tenemos algo que es lo más difícil a nivel cultural en el país: un grupo de dirigentes con ideas claras a futuro. Muchas veces los proyectos son de los entrenadores. En este caso es de los dirigentes, del club. Estoy muy contento por cómo me tratan y por la idea del club, porque más allá de que San Isidro siempre debe buscar ganar y llegar lo más alto posible, hay cosas atrás que hacen que todo el trabajo valga la pena. Cuando uno es nuevo lleva trabajo implementar su impronta, desde cebollitas hasta el TNA, y estamos planificando todo el trabajo y los parámetros del reclutamiento”.

Para Pagura también es un año de aprendizaje, porque no tiene tapujos en admitir que resignó el estilo de juego que más le gusta en pos de adaptarse a las características del plantel. “El estilo que me gusta es presionar, correr y tratar de tener un equipo rápido. En esta temporada me adapte a los jugadores que tengo y trabajamos mucho en defensa, lo que en varios partidos nos dio resultado. En ataque todavía no encontramos lo que a mí más me gusta, recién ahora lo estamos logrando en ocasiones. Es un proceso largo de trabajo y se va insertando lo que uno quiere hacer de a poco. Debo reconocer que siempre creí que el entrenador debe poner su filosofía por sobre la situación, pero que este año aprendí que un técnico debe adaptarse a los jugadores que tiene para hacer un trabajo acorde a los que necesitás. Fue un aprendizaje”, contó Pagura.

Los jugadores no suelen tener voz ni voto en las determinaciones dirigenciales y a veces sólo una mínima injerencia en la propuesta de los entrenadores. Pero su mirada siempre es importante y más cuando se trata de valores de sobrada experiencia.

Santiago González abre la ronda de opiniones sobre el San Isidro que supo ver y el que ahora integra: “Siempre que jugaba en contra de San Isidro, incluso desde la Liga B, empecé a ver un club con una filosofía de juego vertiginosa, de apostar a un proyecto, manteniendo técnico y base para subir escalón tras escalón. Después cuando se fue Beltramo ví que la institución se la jugó con entrenadores y jugadores de renombre para ascender, y ahora creo que desde esta temporada hay un deseo de comenzar un nuevo proyecto, con los cuatro años de contrato de Julián (Pagura), con la idea de mantener una base y de proyectar chicos de la cantera. Debo decir que la base de juveniles es muy buena, con chicos en gran nivel para entrenar y para jugar”.

“Veo muchas ganas de progresar, lo resumo en Alejandro Aimaretti, una persona muy humilde, responsable, con la mirada siempre a futuro y disponibilidad para mejorar en todo aspecto. Se notan las ganas de trabajar en todos los dirigentes para crecer en lo profesional y lo institucional”, elogió el interno.

“San Isidro es un club ejemplar, hace mucho que está en el TNA y siempre haciendo bien las cosas, muy ordenados y saben lo que quieren. Tratan de estar arriba con sus recursos, sin gastar de más a riesgo de no cumplir. Lo institución está muy bien. Hay que rescatarlo porque no pasa en todos lados. Hay calidez humana, un grupo grande de dirigentes y tareas divididas”, cuenta Juan Ignacio Kelly, quien también ahonda en el proyecto que inició la institución: “Apostaron a Julián por su trabajo desde inferiores, su carisma con los jóvenes. Hay que foguearlos y no se da de un día para el otro. La idea es que lleguen bien a la primera, con posibilidades de ser protagonistas. Es muy importante en este TNA porque el que cuente con equipo largo tendrá una ventaja”.

No podía faltar la palabra de uno de los símbolos, del que estuvo antes y está ahora tras su segundo regreso, Germán Sciutto. “Al estar mucho tiempo en el club lo conozco casi todo. Vine a San Isidro en la vieja Liga B (1998) tras un paso por Rosario Central y ya me quedé 4 años hasta pasar a Central Entrerriano. Es un club familiero pero sus objetivos evolucionaron, siempre de menor a mayor. Tiene todas las comodidades, es un equipo con futuro de liga, puede seguir creciendo. Siempre apunta a pelear arriba y se va a dar a la brevedad. No hay que desesperarse sino seguir formándose como club. No sólo se piensa en gastar en el equipo, sino en crecer en estructura, se mira el ejemplo de otros equipos”, desmenuza el experimentado perimetral.

“Me da mucha alegría que quieran contar conmigo, honrado al ser uno de los jugadores con más presencias en el club. Trato de devolverlo entregando todo lo que tengo”, resume Sciutto.

Vaya si traen verdad sus palabras, porque a veces todo lo que se tiene no alcanza y San Isidro quizás sintió con dureza oportunidades de ascenso que no se concretaron o ilusiones que no se materializaron. Por eso escogió un pequeño giro poético en la historia, sin desviar el objetivo, pero afirmando el camino. Habrá que ver dónde los encuentra el centenario.

Por David Ferrara – Prensa AdC

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