Lo mejor de San Martin de Marcos Juarez en el TNA por David Ferrara

Mariano Aguilar

En su acostumbrado aporte al sitio web oficial del Torneo Nacional de Ascenso, el periodista rosarino hizo un repaso de los mejores momentos del club de Marcos Juárez en la segunda categoría del básquetbol argentino. Lo llamó “Escuela de básquet” y nunca más preciso el título ya que en esa institución muchos jugadores forjaron y se desarrollaron para luego brillar en distintas ligas no solo de la argentina sino del mundo…

San Martín de Marcos Juárez se les impregnó en la piel a los que vivieron un proceso que de 2004 a 2012 fue sensación, primero local, luego provincial y por último nacional en el TNA.

San Martín de Marcos Juárez fue escuela de básquet y de vida para un grupo de jugadores y entrenadores que luego se transformaron en figuras del deporte, pero que llegaron siendo chicos para hallar en la casa de los Gauchos los medios para desarrollarse y mostrarse, para educarse y crecer. Claro que para que el árbol dé sombra hay que esperar un tiempo y sólo hoy se puede medir con justicia el verdadero significado que tuvo ese equipo para el básquet.

Hoy son hombres, son jugadores, están desde la NBA hasta en el Federal, pero internalizaron valores deportivos que se convirtieron en huellas a seguir, y que los acompañan a donde quiera que van.
Hay muchas formas de contar una historia, y varios protagonistas con ganas de hacerlo, pero asoma un dejo de romanticismo si el elegido para comenzar fue quien estuvo en el inicio y en el ocaso de esta aventura, Mariano Tigre Aguilar.

“San Martín fue una escuela de básquet, ese es el concepto. Muy parecido a cuando en el 87 me reclutó León Najnudel en Sport. Yo tenía 21 y era el más grande, me tocó ser tutor de Gustavo Monella. Estaban Rifatti, Chuni Merlo, Nicola, Hugo (Sconochini) y Trentini, entre otros”, repasa el entrenador, quien en su prolífica carrera tuvo dos pasos por San Martín, primero como jugador de primera y entrenador de inferiores y luego ya como técnico del equipo profesional del TNA.

“En San Martín hice de todo, me disfracé de Sapo Pepe, puse autos para rifas, cociné, limpié, y lo haría otra vez. Estoy tratando de buscar un lugar así, como San Martín o como Sport y sé que lo voy a lograr”, se ilusiona el Tigre, quien allá por 2004 abrió el proyecto llevando a Pablo Bruna y a Román Talotti a las inferiores.

Como jugador, Aguilar vivió los ascensos desde el torneo local al TNA y una enorme campaña en la primera temporada, pero luego el cierre de su carrera lo hizo cambiar de rumbo. El Aguilar-DT volvería luego a retomar el proyecto.

“Trabajé junto al Zurdo Miravet en su momento, y luego con Martín Guerreiro, Daniel Pasquali y Sebastián Figueredo. Tratamos de formar buenos pibes, que estudien y que triunfen. Andábamos a las corridas, teníamos mucha preocupación por controlar la convivencia y el estudio. Era toda una alegría ver cómo se organizaban para limpiar o cocinar, la casa de los reclutados era una maravilla”, repasa Aguilar, y entra en juego otro de los grandes protagonistas, Gustavo Zurdo Miravet.

Foto: Gentileza Archivo Mauricio Barrera


“Fueron 5 años en los que pasaron un montón de cosas, deportivas y familiares. Yo estaba terminando en 2004 un proceso de 6 años en Hindú y jugamos semifinales del provincial de Córdoba frente a San Martín, en el que Mariano Aguilar era DT y jugador. Diego Mosconi empujó para que se haga básquet otra vez, y al año siguiente me llamaron. Para poder jugar las ligas provinciales tenías que estar entre los primeros de tu asociación, entonces dirigí la local en el Sudeste y logramos clasificar al Argentino de Clubes. El equipo se armó con la intención de ganar ese Provincial. Ya estaban reclutados Talotti, Bruna, trajimos a Germán Bernhardt, Facundo Ortega, Federico Brun Pachi Coronel, y también estaban Mariano Aguilar y los locales, Diego Mosconi y Martín y Javier Sciutto, los hermanos no famosos de Germán. Ya en el primer año ascendemos y le ganamos la final al Banda Norte del Chino López y Lucas Barlasina”, relata Miravet, elegido mejor DT de ese torneo y repetiría en el futuro inmediato.

“La idea era hacer un equipo joven para la Liga B. Se quedaron Bruna, Talotti, Bernhardt y Ortega, con Aguilar y Coronel como referentes y trajimos a Gastón Sieiro, Hernán Tettamanti, Radbel Echavarría y Fefo Sarmiento. No teníamos ese objetivo pero nos tocó ascender”, cuenta Miravet, también mejor DT de la Liga B.

El mismo Aguilar explica qué tenían de especial: “El Zurdo Miravet nos dio una impronta de equipo agresivo, de defensa extensiva todo el campo, fuimos campeones en años consecutivos y casi ascendemos a la Liga A en el primer año en el que jugamos en el TNA. Yo un poco seguí esa idea y le agregué cosas de otros entrenadores”.

Pablo Bruna es otro de los referentes de esa era. Desde el cadete que llegó desde Rosario (es cordobés pero estaba viviendo allí) al jugador símbolo de Instituto en la Liga A pasaron muchas cosas, entre ellas, San Martín de Marcos Juárez.

Foto: Archivo German Ruiz – Interbasquet

“Llegué a fines de 2004 cuando terminé la secundaria porque sino no me dejaban ir y se fueron dando las cosas de manera tal que cuando nos dimos cuenta estábamos a un paso del ascenso al TNA. La idea era ganar experiencia porque para todos era algo nuevo en el ámbito profesional, pero terminamos haciendo un gran torneo y ascendimos. La final se la ganamos a Italiana de Charata. Perdimos el primero casa y estuvimos cerca de perder el segundo, pero lo sacamos y después ganamos los dos en Chaco para ascender. Fue una locura. Nadie lo esperaba, no era el objetivo y se terminó dando. Igual creo que lo que la gente de Marcos Juárez recuerda de esa temporada fue la semifinal porque fue una especie de clásico ante Estudiantes de Río Cuarto. Perdimos en casa y estábamos match point abajo, pero el cuarto partido fue una batalla, con mucha gente acompañando, muy emotiva, lo ganamos y definimos en el quinto en Marcos Juárez”, informa Bruna, quien permaneció en la institución y vio llegar, crecer y pasar a jugadores como Diego Brezzo, Rodrigo Álvarez, Juani Brussino, Exequiel Cassinelli, David Cabezas, Federico Oggero, Facundo Alberici, Facundo Toia, Cristian Schoppler, Diego Figueredo, Francisco Aguilar, Sebastián Mignani, Cristian Negrotto, Mauro Negri y un pibe que ya pintaba, Nicolás Brussino.

Miravet retoma la posta y agrega nombres: “En aquella primera temporada en el TNA trajimos a Mariano García y a Emiliano Martina. Fue una campaña muy buena y caímos en semifinales con un Argentino de Junín que tenía a Marín, Scala, Espinoza, Ceci, Gil. Estuve dos temporadas más. Fueron 5 años fabulosos y no sólo en mayores, porque ganamos campeonatos provinciales de juveniles y llegamos a una final nacional. En un momento, una ciudad de 25 mil habitantes tenía cuatro jugadores de selección argentina: Oggero, Cassinelli y los dos Brussino. Era un Barcelona chiquitito, pedíamos y nos daban todo, dentro de lo posible, claro”.

“Fue un proceso deportivo que impacto por la forma de jugar, porque se impulsaron muchos valores jóvenes a la Liga como jugadores y también como entrenadores con Mariano (Aguilar), Pachi (Coronel) o Seba (Figueredo). Fueron cinco años hermosos y aunque los títulos fueron importantes, me llevo la parte humana y poder hacer un proceso de trabajo como cualquier entrenador sueña”, explica el ex entrenador de Atenas, elegido allí también como mejor DT del TNA y agrega un componente emocional extra: “Allí nacieron mis dos primeras hijas, hice muchos amigos, y al existir un respaldo dirigencial tan grande siempre está el agradecimiento a los dirigentes Rosso, Mosconi, Nasuti, Toia, Mantegari, y a todos”.

Facundo Ortega (13) ante Italiana de Charata – Foto: Archivo


Cuando Miravet decidió aceptar la oferta de 9 de Julio de Río Tercero para dirigirlo en la Liga A, no dudó en recomendar a Mariano Aguilar para continuar el trabajo. El regreso del Tigre. “Lo llevamos a Nico Brussino para que juegue junto a su hermano, pero al poco tiempo Juani se fue a Boca. Teníamos chicos que eran un boom en las inferiores incluso a nivel nacional y apostamos a su desarrollo en el TNA, ahí aparecen Cassinelli, Oggero, Figueredo, Toia, Alberici, Mignani, Schoppler, y Bruna era un jugador casi hecho. Había que hacerlos jugar. Hasta el extranjero después se hizo un nombre, Gastón Essengue”, rememora Aguilar y lanza el nombre del último reclutado en su era: “Agustín Caffaro”.

“Se veía que Nico era diferente, pero todos los chicos han tenido y tienen protagonismo en Liga, y están en la senda de seguir avanzando. Son todos excelentes pibes y en mi caso era todo maravilloso, porque hasta estaba mi hijo”, agrega el entrenador y resume: “Aprendí más de lo que enseñé. Fue ida y vuelta”.

LOS BRUSSINO

Así como son símbolo de Adeo de Cañada de Gómez, los hermanos Brussino también dejaron su impronta en San Martín y el estadio “Leo Gutiérrez” los vio dar sus primeros pasos profesionales.
Juani toma la posta: “Estuve dos años y medio en San Martín. Durante un verano Mariano Aguilar me llevaba a entrenar con el equipo de Liga B para que me adapte y justo se dio el ascenso al TNA. Todo se hizo más profesional pero apostaron a mejorar las inferiores para desarrollar jugadores. Con los más chicos participamos en ligas provinciales y llegamos a instancias nacionales de clubes y en el TNA nos fue muy bien, para mí fueron las primeras armas, era un cambio muy grande de pasar de un club de barrio al TNA. Ya el segundo año tuve más confianza y por algunas lesiones de algunos compañeros pude empezar a jugar más minutos. Siempre estaré muy agradecido con la dirigencia de San Martín, que apostó por nosotros y nos dio lo mejor. Mariano Aguilar hizo mucho para que se haga, al igual que el Zurdo Miravet y Seba Figueredo. Cada vez que podemos nos acercamos al club. Me siento muy identificado con San Martín”.

Y desde Dallas, Nico brinda su mirada: “Fueron dos temporadas muy buenas en mi inicio como profesional. Llegué con Oscar Acosta a las inferiores, tenía 16 años y fue una gran experiencia. Había muchos jugadores jóvenes pero los entrenadores, dirigentes y la gente nos apoyó mucho. En la última temporada no nos fue como queríamos porque perdimos la categoría, pero a todos nos sirvió muchísimo porque logramos llegar a la Liga Nacional. San Martín fue muy importante en mi vida y soy un agradecido”.

“Para mí fue como una escuela al profesionalismo, porque a los 16 años ya me fui de mi casa, estuve un una ciudad distinta con compañeros, técnicos y dirigentes nuevos. Tuve la suerte que los primeros meses los compartí con mi hermano y eso me ayudó mucho a adaptarme. San Martín me enseñó a prepararme como profesional, todos los entrenadores que tuve colaboraron para que pueda ser un mejor jugador y también comprender los cuidados y hábitos que tiene que tener un jugador profesional”.

Como todo historia, también tiene sus mitos. Uno lo cuenta Martín Colo Guerreiro: “Nico era chico y un día lo llamamos para una práctica de tiro extra y nos dijo que no podía porque tenía que hacer un trabajo especial para la escuela. Nos sonó raro y lo seguimos hasta que vimos que se encontraba con una noviecita que tenía. Ahí le mandamos un mensaje de que si no estaba inmediatamente entrenando, Aguilar lo sacaba del equipo. Y esperamos a que llegue corriendo. Lógicamente al encontrar la cancha vacía se dio cuenta de que era una broma”.

Y la otra anécdota no tiene autor, pero dicen que en un entretiempo, Mariano Aguilar llegó a increpar a Nico Brussino para que mostrara todo su potencial y que el clima fue caliente. También cuentan que en el segundo tiempo el hoy jugador de Dallas la rompió.

Un proyecto, una apuesta, un lugar que fue tránsito y vía de desarrollo para muchos jugadores del básquet argentino y que con juventud palió la falta de recursos para lograr objetivos impensados. Y es Marcos Juárez espacio fijo en la memoria de todos ellos, que se ven unidos por un lazo tan especial como imposible de romper.

Fuente: David Ferrara – Especial para LaLigaNacional/TNA

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