El otro costado de Rivata…

El “Lado B” como le dieron en llamar en el sitio oficial de la Asociación de Clubes, en el caso de Lautaro Rivata es un claro ejemplo de que la formación académica es una realidad que puede ir perfectamente de la mano junto con el deporte. Y es que el alero, capitán por excelencia de Barrio Parque y uno de esos apellidos históricos dentro de la institución cordobesa, por descendia y por ser parte de la familia que más transita los pasillos del club.

Foto: Archivo German Ruiz / Interbasquet

La familia Rivata tiene mucha historia en Parque. Lautaro es el mayor de cuatro hermanos, todos ligados al club en una u otra disciplina (Augusto y Santiago son futbolistas en la primera; mientras que Camila es jugadora del plantel de voley). A esto hay que agregar que su madre, Lía, también estuvo ligada al deporte y fue directiva de Parque, por lo que la familia Rivata decidió vivir a la vuelta del club, para que los hijos tengan una vida de club, algo que parece que se transmitirá de generación a generación.

“Mi papá es ingeniero y a mí siempre de chico me gustaba lo que hacía, arreglaba equipos de electrónica, entonces en la secundaria terminé yendo a un colegio técnico. Cuando terminé la secundaria mi inclinación por lo electrónico seguía firme, entonces pensé en estudiar ingeniería. Me inscribí y todo, estaba por rendir, y mi mamá me comenta que había una carrera nueva de ingeniería, que era ingeniería biomédica, que es parecida a la electrónica, que había 7 materias de diferencia pero que era el tercer año que estaba en la Universidad Nacional de Córdoba y no había egresados”.

“Entonces a mí me pareció una mejor idea, considerando que eran similares, estudiar ingeniería biomédica habiendo una diferencia de apenas siete materias con la ingeniería electrónica que era lo que realmente me gustaba. Como lo dije en un momento, la verdad es que no tomé magnitud de esas siete materias de diferencia, nunca supuse qué tan diferentes podían ser… y bueno, la verdad es que era grande la diferencia en esas materias (risas). Anatomía, fisiología, fisiopatología, materias pesadas que hacían una gran diferencia. Pero bueno, no me quejo porque me terminó gustando la biomédica y no me arrepiento de haber estudiado la carrera”.

El capitán del plantel de Parque, que hizo todas las formativas dentro de la institución, el patio de su casa, pasó por todos los estadíos y niveles del club al criarse bajo ese mismo techo. Esto mismo también le permitió asentarse en un lugar, poder estar en una ciudad como Córdoba con la universidad a buen acceso también ayudó para la cursada de los estudios, y así, con mucho esfuerzo mediante, pudo realizar la carrera.

“En mi familia nunca se negoció el hecho de no estudiar en la universidad. Siempre fue no obligatorio pero sí algo implícito que uno tenía que estudiar en la facultad. El estudio fue uno de los motivos por los cuales nunca me fui de Córdoba. Mi prioridad siempre fue más allá de jugar al básquet terminar la carrera que había empezado”.

“Tengo la suerte de estar acá en Córdoba que tiene la facultad nacional y que en ese momento el club estaba jugando Torneo Federal, entonces también es cierto que la situación estaba dada para poder hacerlo. ¿Requiere de esfuerzo? Sí, obviamente, como todo, como cada vez que hacés dos cosas al mismo tiempo, pero también creo que se tienen que dar las circunstancias para poder hacerlo”.

Lautaro admite que, si bien la complejidad de la carrera podía haber significado una carga fuerte en cómo repartirse cotidianamente entre los estudios y el deporte, encontró siempre una vuelta para poder hacer las dos cosas a la vez. Seguir una carrera presencial, más allá de que el equipo en ese entonces transitaba también etapa en Torneo Federal, el redoblar esfuerzos para tener un título, formarse como profesional y a su vez seguir jugando al básquet que era algo que no estaba estipulado dejar de lado, dio sus frutos a través de ese trabajo constante.

“Más allá de demorar un poco más de tiempo, en vez de hacerlo en 5 hacerlo en 7 como lo terminé haciendo o más, para poder seguir disfrutando y jugando al básquet pero nunca abandonar ni dejar de avanzar en mi carrera. Como te decía, yo fui a un colegio técnico y me podría haber atrasado mucho más si no hubiese ido a un colegio así, lo cual me permitió pasar las materias de electrónica de la facultad prácticamente sin hacer mayores esfuerzos. Eso me permitió compensar por así decirlo lo que me podía atrasar el básquet”.

“Soy un agradecido con el club por la oportunidad que me dio en su momento de poder cursar y de hacer las dos cosas al mismo tiempo. Me dio una oportunidad inmensa de tener un título, de tener un futuro propio para hacer. Es cuestión de buscarlo e intentarlo. Si uno está dispuesto no es imposible”.

El mensaje es claro. Si bien en algunos casos hay condiciones o escenarios que deben darse para que uno pueda acomodarse y desarrollar sus estudios de manera ideal, con esfuerzo y dedicación uno puede formarse profesionalmente al mismo momento que desarrolla una carrera deportiva como profesional. El caso de Rivata es uno de esos ejemplos que moviliza a creer que es posible, más aún con todas las herramientas que existen hoy en día para tener un mayor acceso a los estudios y poder repartirlos dentro de la rutina deportiva.

Fuente: Lucas Leiva – Prensa AdC