Campazzo: “Todavía no caigo. Para mí es algo soñado”

Así es Facundo Campazzo, el 13° jugador argentino que llegará a la NBA, el nuevo base de Denver Nuggets. Ya se encuentra en suelo estadounidense junto a su mujer Consuelo y su hija Sara hacia ese tan esperado sueño. Transcribimos la entrevista para el sitio oficial de la NBA en Argentina.


Con su carisma y personalidad especial se transformó en el mayor ícono del básquet nacional post Generación Dorada, con todo lo que eso significa, gracias a su inigualable capacidad de derrumbar prejuicios y superar desafíos. Gracias a ese toque que separa a los grandes de los especiales.

-¿Te cayó un poco la ficha de lo que fueron estos días?

-Hay varias fichas por caer. La primera que cayó fue jugando el domingo con Madrid ante Manresa. Ahí fue el fichón. Pero a la vez fue como una ficha rara, como de decir “listo, no juego al básquet y me voy a Córdoba”. Pero todavía no me cayó la ficha NBA. Todavía no caigo. Para mí es algo soñado. Con todo esto de la mudanza, de mover a la familia, la ropa y todo, es como que seguís en una vorágine. Pero estoy con ganas de viajar, instalarme y estar los tres tranquilitos.

-Encima te agarró en un momento complejo, porque de haber sido dentro de cierta normalidad, terminabas en tu club, en julio fichabas y después empezabas la temporada tranquilo. Ahora terminaste de jugar, te vas, empezás una pretemporada en unos días y en tres semanas estás comenzando la Fase Regular.

-En un mundo ideal, el 1 de julio estaba fichando en otro equipo. Pero no estamos en un mundo ideal, y la situación llevó a jugar tres meses en el Madrid, cosa que al principio quería evitar un poco para no generar distracción, para no perjudicar al equipo. En esa época de no saber qué iba a pasar era un poco una locura y te estresás, porque querés evitar todo. Y al final en estos tres meses, mis compañeros y el club aclimataron la situación muy bien, me aclimataron todo y no lo cambio por nada. Me hicieron sentir mucho cariño, mucho amor. Estos últimos tres meses fueron increíbles. Al principio los quería evitar, pero con el diario del lunes no te los cambio porque fueron tremendos.

-¿Qué fue lo más difícil de estos tres meses de un proceso complicado?

-Lo más difícil era vivir en el día a día, disfrutar el presente. Quieras o no, en los momentos de tranquilidad -que era cuando te ibas a dormir- a la noche te dabas manija, te imaginabas cosas de lo que iba a pasar. Y la incertidumbre misma te ponía nervioso. Lo más difícil era cambiarme e irme a entrenar con mis compañeros y mi equipo, o viajar a jugar. Porque yo no pensé que iba a empezar la temporada con el equipo, y al final me veía en la situación yendo a jugar cada partido. Pero me ayudaron muchísimo mis compañeros y me facilitaron mucho las cosas. Y después a la hora de jugar, en el momento del partido se te va, porque pensás en dejar todo ahí, en hacer las cosas lo mejor posible, en no guardarme nada para terminar estos tres meses de la mejor manera. Intenté disfrutar el día a día. No fue fácil, porque seguía viendo qué iba a pasar. Pero estar con mi familia era un poco el cable a tierra.

-En tu carta de despedida mencionaste la palabra sueño, y recién también lo mencionabas. ¿Dónde nace este sueño, en qué momento aparece la NBA en tu vida?

-Cuando era chico, cuando jugaba en Municipal con mis amigos y poníamos un step para volcarla en los aritos chiquitos, haciendo que éramos Vince Carter de Toronto. O veíamos videos de Steve Nash, de Jason Kidd, Tracy McGrady. Veíamos todo ese show, esos jugadores que la rompían en esa época. Y yo tenía posters pegados en la pieza. Algunos se mantuvieron hasta el día de hoy, pero después mi mamá me los sacó a la mayoría. Ahí empezó todo. Si bien eso era más una fantasía que un sueño, a medida que pasaron los años seguí disfrutando lo que sabía hacer, que era jugar al básquet. Pasó Muni, Unión Eléctrica, Peñarol y llega Real Madrid. Cuando uno llega a un equipo de semejante magnitud y la vidriera es muy grande, te das cuenta que si destacás en un equipo como ese, tenés más chance de llegar a la NBA. También ayudó mucho el Mundial (2019) con la Selección, tuvimos la suerte de hacerlo bien y cada jugador que estuvo mejoró y tuvo más oportunidades, es una vidriera muy grande. En esa época dije “tengo el bichito de la NBA todavía, quiero intentarlo aunque sea, no quiero retirarme el día de mañana y pensar que no lo intenté”. Dije que iba a hacer todo lo posible. Mi familia, que es lo primero para mí, me apoyaba, y de ahí fui para adelante.

-Al principio, estando en Peñarol, usabas la palabra obsesión al pensar en la NBA. Después en Madrid la usaste para decir que había dejado de serlo. ¿El Mundial fue el gran punto de inflexión?

-Ayudó muchísimo, fue una vidriera muy grande para todos nosotros. Y ya hubo más acercamientos, más interés, se corrió más la bola, y justo había renovado en el Madrid. En ese momento no tenía ningún interés real de un equipo NBA, así que renové. Pasó lo del Mundial, empecé a jugar bien en la temporada y ahí fue decir “vamos a hacer todo lo posible, vamos a intentarlo por lo menos”. Y acá estamos.

-¿Por qué pensás que te toca a vos? Siempre había cosas en contra para tu caso, partiendo desde el tema de la altura, que fue el principal prejuicio de tu juego.

-Este es un mundo de altos, y quieras o no cuando aparece un jugador más bajito de lo normal, cuesta un poquito más, tenés que mejorar tu físico, tenés que destacarte más, tenés que mantenerte más tiempo en buen nivel. Creo que iba por ahí el tema. Siempre lidié con ese tipo de comentarios, desde que empecé a jugar al básquet. Alguna vez habré dicho “yo juego para callar esas bocas en cierto punto”, pero en realidad juego porque me gusta jugar al básquet, es lo que mejor me sale hacer y es lo único que sé hacer hasta el día de hoy. Disfruto mucho jugar al básquet y disfruto mucho estar en un equipo. Creo que fue por ahí el tema, siempre iba por el lado de la altura, la defensa, el tiro de tres… Fui viviendo los pasos que tenía que dar, no me adelanté a ninguno. Creo que tuve una buena compañía en Claudio Villanueva (uno de sus agentes), que siempre me aconsejó con su famosa frase de cabecera “despacito y por las piedras”. No nos salteamos ningún paso, no nos confundimos en ningún momento, no nos volamos la cabeza pensando en más allá, siempre fuimos terrenales. Y trabajamos duro. En lo personal trabajé muy duro para llegar a este momento.

-¿Qué te enseñaron los prejuicios en este proceso?

-La clave fue escuchar esas cosas, porque en algún momento te llegan, aunque no quieras. Es un poco analizar la situación, ver lo que hay adelante, y trabajar duro para conseguirlo. También tuve la suerte de encajar en equipos muy importantes y buenos, de tener líderes muy buenos que me enseñaron mucho. Y fui por ese lado, el de buscar un objetivo, trabajar duro, pensar qué se necesita para ese objetivo, de siempre aprender y no pensar que ya estaba y me las sabía todos. Intentaba siempre escuchar a mis entrenadores, compañeros, a los de más o menos experiencia. Intentar ser siempre un alumno, aprender lo más que pueda y trabajar duro.

-Había más interés. Estaba Minnesota, con Pablo (Prigioni) y Gersson Rosas ahí, estuve hablando con ellos, me trataron muy bien y mostraron interés. La verdad es que ya hablar con ellos me hacía temblar las manos. También hablé un poco con New York. Creo que fue Denver porque es un equipo que pelea cosas importantes, que está para luchar, con muy buena calidad individual. Tienen un gran entrenador como Mike Malone, que me ha mostrado sus ganas de verme con ellos. Es un desafío lindo. Quizás no lo tenga a Pablo, que es una llave importante que podría haber tenido, pero es un desafío que estoy dispuesto a superar. Creo que la adaptación es a lo que más respeto le tengo, a cuánto tiempo voy a demorar en acostumbrarme o adaptarme a esta liga. Voy con tranquilidad, a hacer las cosas lo mejor posible, a ver lo que el equipo necesita de mi juego y tratar de acostumbrarme a mi rol. Evidentemente es otra liga, es otro equipo, se juega de una manera distinta. Tengo que mejorar mi juego, evolucionar como jugador. Ese desafío es el más grande que tengo ahora.

-¿Por dónde pensás que pasará esa adaptación, y cómo ves el factor de entrar a un grupo nuevo, porque hace mucho tiempo que no te toca ese contexto?

-Es difícil pero motivante, me recontra ilusiona el hecho de conocer una nueva ciudad, estar en nuevo equipo, en un nuevo grupo de personas que es bastante sólido y está formado, donde el listón está alto. Me veo bien, siempre fui con personalidad de caradura en ese sentido. No considero que el idioma sea una barrera porque voy con toda la confianza, estoy con muchas ganas, me motiva mucho. Quiero aprender de mis compañeros, del mundo NBA. Considero que la NBA en el tema desarrollo de jugador es de lo mejor del mundo. Voy a volcar mi energía ahí, al desarrollo del jugador, a agregarle cosas a mi juego, a pulir cosas buenas que tengo, mejorar o cambiar cosas malas y de esa manera evolucionar mi manera de jugar. Parece fácil o que lo tengo todo bien planeado, pero seguramente me choque miles de veces contra la pared. Pero bienvenidas sean esas equivocaciones, espero solucionarlas sobre la marcha.

Por Leandro Fernandez – AR.NBA.com
@FernandezLea