Análisis de Selección: a confiar, esta película ya la vimos antes

El nivel en los amistosos fue bajo, pero a este equipo ya le pasó hace dos años y cambió la cara en el Mundial. Lo mismo le sucedió a la Generación Dorada. Faltan 13 días y hay material para hacer ese click.

El 28 de junio comenzó la preparación del equipo argentino de cara a los Juegos Olímpicos de Tokio. Desde allí, transcurrieron intensas jornadas de acondicionamiento y tres amistosos importantes para la evaluación de los preseleccionados, donde el cuerpo técnico encabezado por Sergio Hernández pudo ver en acción a casi todos los convocados, teniendo en cuenta que el ala-pivote Juan Fernández estuvo en Letonia, disputando el Mundial U19.

El primero de estos tres partidos fue el mejor del seleccionado, con un trámite equitativo frente a una Australia que pudo sentenciar su victoria por 87-84 recién en la última bola del juego con un triple agónico de Patty Mills. El cruce frente a los oceánicos dejó sensaciones más que positivas, evidenciando un correcto funcionamiento colectivo (“Buen ritmo, decente en defensa y con algunas cosas valiosas en ataque”, como resumió Hernández) ante un plantel de grandes nombres que estuvo a punto de clasificarse a la final del Mundial de China.

En segunda instancia, tuvo lugar la derrota por 94-71 en manos de una Nigeria que llegaba de ganarle nada más ni nada menos que a Estados Unidos. Tras un inicio parejo, los africanos comenzaron a imponer su ritmo, su capacidad atlética y su rigor físico promediando el segundo período, concretando una amplia diferencia. Por último, el elenco de Oveja chocó con Estados Unidos. El equipo de Pop esta vez no dejó dudas, condujo los hilos desde el inicio y se sacó la mufa de las dos derrotas que había puesto a su equipo en el fuego de los todos los programas deportivos de su país.

Como en cada previa de un torneo de relevancia, los resultados obtenidos no dejan de ser anecdóticos, aunque siempre duela perder. Lo trascendente tiene que ver con la posibilidad de probar jugadores, esquemas y situaciones reales de juego. “Un partido no nos puede hacer creer que somos los peores del mundo, como tampoco nos creíamos los mejores cuando ganábamos”, declaró Oveja, explicando su postura en relación a los amistosos. “Tendremos que aprender a jugar bajo presión, con mejor selección de juego y de tiro”, añadió quien luego de la caída ante USA volvió a repetir que “estamos al 50% de nuestras chances, aún con 13 días para mejorar el rodaje del equipo”.

Por supuesto, queda mucho por pulir y mejorar, pero esto ya ha pasado antes. Sin ir más lejos, a pocos días de disputar el Mundial de China, existían las mismas dudas luego de perder ante Francia y Brasil. Los amistosos son eso, justamente. Pruebas para aprender, sacar conclusiones, dar rodaje al equipo y construir una nueva identidad, en este caso una superadora a aquella grandiosa del equipo que le otorgó un subcampeonato mundial. Y el buscar jugar más rápido aún, ser más agresivo, siempre arriesgando, no se consigue de un día para el otro.

No se puede perder de vistas que esta preparación ha sido mucho más corta que de costumbre, sin la chance de dar los primeros pasos en territorio nacional debido a los ajustados calendarios y protocolos establecidos por el COVID-19. Quedan 13 días para el debut olímpico, en Tokio, pero ya hay algunas conclusiones que se puede ir sacando:

  1. La vigencia del capitán
    Definitivamente, Luis Scola será un fuera de serie hasta el mismo día en que decida poner fin a su espectacular carrera. Fue el goleador argentino ante Australia con 25 puntos y también frente a EE.UU. con 16, demostrando todos sus recursos tanto desde el poste como en el lanzamiento exterior. Su experiencia es, dentro y fuera de la cancha, determinante para las aspiraciones del equipo. “A nadie tiene que sorprender que Luis vuelva a tener un torneo de altísimo nivel por su ética de trabajo y su profesionalismo, su inteligencia y especialmente por la pasión con la que juega al representar al país”, afirmaba el asistente Silvio Santander. Scola ha hecho una preparación igual o incluso mejor que la del Mundial 2019, sabiendo que será su despedida y, nada menos, que su quinto Juego Olímpico. Se lo nota bien como para intentar repetir lo de China, donde fue elegido en el quinteto ideal del torneo.
  2. El paso al frente de Vildoza
    Luego de una extraordinaria temporada en Baskonia y su arribo a la NBA para vestir la camiseta de los Knicks, el base dio un impactante salto de calidad en su juego. Tras su muy buen Mundial en China, el marplatense se afianzó de forma contundente en el seleccionado, y asistirá a Tokio como instrumento principal de la orquesta argentina. De la misma manera en que su confianza creció exponencialmente, las responsabilidades serán mayores. El armador de 25 años se encuentra en un gran momento. En esta previa se lo vio con altibajos, como todos, pero su calidad no está en duda y será una carta fuerte ofensiva, si Argentina quiere impactar otra vez.
  3. La frescura de los nuevos
    De entre las nuevas caras, sobresalen la inclusión en la rotación de Bolmaro, Vaulet y Cáffaro. El de Las Varillas no sólo mostró rendimientos fantásticos en Barcelona, también fue elegido en el último draft por Minnesota. Ante Nigeria fue el goleador con 10 unidades y es capaz de aportar una muy buena dosis de energía, talento y defensa en este plantel. Juan Pablo tuvo también destacadas actuaciones en ACB y, a raíz de lo mostrado en los amistosos, parecería que puede ganarse un lugar en la convocatoria final. Por último, el pivote de la Universidad de Virginia sufrió un dolor en un pie que lo sacó de un amistoso, pero su talla y corpulencia, lo bien que entrenó y respondió ante Australia le permiten soñar con estar entre los 12 y ser útil en Tokio.
  4. La imperiosa necesidad de dosificar
    Varios de nuestros jugadores vienen de temporadas por demás exigentes, y será imprescindible que puedan llegar al debut olímpico con algo de alivio en su físico. Por caso, Campazzo sumó muchos más minutos de lo esperado en su primer temporada NBA, y Laprovittola debió hacerse cargo de un Madrid con bajas delicadas. Por otra parte, Deck voló más tarde a la concentración en Las Vegas por el Covid-19 y Garino llegó con cuatro meses de inactividad por lesiones. Cuerpo técnico, preparadores físicos y médicos argentinos tuvieron la compleja tarea de repartir cargas y minutos para ir llevando de a poco a los soldados de la tropa.
  5. Menor sorpresa, mayor respeto
    La Argentina ya no será el equipo del recambio generacional que se presentaba en China 2019 como una incógnita. Nuestra Selección aterrizará en Tokio como subcampeona del mundo, lo que implicará un profundo conocimiento de cada una de nuestras armas por parte de los rivales. El scouting será aún más exhaustivo y, por si fuera poco, los Juegos Olímpicos prácticamente no dejan margen para el error, ya que la competencia es breve y cada país irá con lo mejor que tiene. En contrapartida, los antecedentes inmediatos provocarán que este tremendo grupo de jugadores sea tan respetado como lo merece. Todos tienen claro que deberán dar un salto de calidad. Como equipo e individualmente.

Por último: esta Selección no se cree candidata pero sí siente que puede competir contra cualquier rival. Hay ambición pero, a la vez, realismo. Nada está ganado por más respeto que se le tenga a uno de los protagonistas permanentes de las últimas dos décadas del básquet internacional. Habrá que demostrarlo en la cancha y todos tienen claro que, por ahora, están lejos de lo que deben mostrar. Hace dos años, la situación era parecida y se revirtió. Como también la Generación Dorada lo revirtió en varios torneos, en el pasado. No es garantía de nada, pero hay que confiar en el proceso. Faltan 13 días y los equipos argentinos ya lo hicieron antes. A confiar.

Prensa CABB